Se probó en Francia el primer robot anestesista
Leyendo la parte de Ciencias de Le Figaro, me encontré con un artículo del periodista Jean-Michel Bader que, en exclusividad mundial, asistió al trabajo que cotidianamente realiza el primer asistente de anestesiología, infatigable, prototipo de autómata, encargado por los médicos anestesistas de pilotear, en su presencia y bajo su control permanente, el descenso al sueño y el regreso a la conciencia de los operados.
Al igual que en el sistema de pilotaje automático de un avión, la máquina que es un sistema informático, controla lo profundo del coma y la lucha contra el dolor durante la operación.
Por el momento, en el block operatorio del hospital Foch (Suresnes) donde los Drs. Chazot y Liu pulen sus prototipos, hay sólo dos salas, de las doce que hay allí, equipadas con el robot. Otros hospitales de distintas ciudades, incluso en Berlín y Bruselas, participan en este proyecto de investigación biomédica multicentro.
Todo comenzó en los años 80, cuando los anestesistas se dieron cuenta de que algunos operados, a veces por dosis insuficientes de anestesia, contaban el desarrollo exacto de la intervención y los diálogos entre los cirujanos durante la misma. Eso provocó demandas judiciales en U.S.A.. Por el contrario, una anestesia demasiado profunda, se asocia estadísticamente a una sobre mortalidad, de un año, cuando las dosis de los productos han sido importantes.
Según el Prof. Marc Fischler, que dirige el departamento de anestesiología del hospital Foch, “hay que salir del agujero negro”. Es decir que era necesario medir directamente sobre el cerebro y no sólo con los signos clínicos clásicos (presión arterial, ritmo cardíaco) la profundidad real de la anestesia, verdadero “centro del oficio” de esos especialistas.
Un confort cerebral
A fines de la década del 80, las firmas Ohmeda Datex y Diatak (Lifescan) pusieron a punto monitores de electroencefalogramas (EEG) frontal. Hoy, en el robot, un solo electrodo capta las ondas complejas producidas por el cerebro (ondas rápidas al despertar, invasión de las ondas lentas del sueño, supresión de los picos del sueño profundo).
El aparato conectado al electrodo calcula, a partir de las frecuencias presentes, un número sin dimensión (llamado BIS, por el índice espectral) entre 0 y 100, gracias a un algoritmo. Cero es la ausencia de actividad cerebral, 100 es la vigilia consciente. Para la cirugía, una anestesia general bien llevada debe estar entre 40 y 60.
Cuanto más fuerte es la dosis de anestesia utilizada, el enfermo “duerme” más y más desciende el BIS. El BIS sirve también de alarma: en caso de una embolia gaseosa que obstruye las venas del cerebro, el BIS desciende más. Es el signo de bienestar cerebral durante la operación. Mejorando esta herramienta, los médicos del hospital Foch pusieron a punto al autómata informático que duerme y despierta al enfermo sin la intervención humana. Al enfermo se le coloca el electrodo sobre la frente, conectado al monitor del EEG que envía los datos a un ordenador portátil que a su vez comanda dos jeringas eléctricas. Una de éstas contiene Proposol (un hipnótico de corta duración) y la otra Remifentanil( un morfínico rápido).
El periodista de Le Figaro, que escribió esta nota, asistió a la inducción de una anestesia dada por el robot: como si fuera en un submarino, “el profundímetro” del sueño desciende desde que la secuencia fue lanzada por el médico con un clic del ratón informático. El trazado del EEG sobre la pantalla llega al intervalo deseado, la velocidad del torrente sanguíneo y la dosis del medicamento son también anunciadas.
Paralelamente, el captor de la actividad muscular espontánea EMG) anuncia un “descenso” a medida que la jeringa eléctrica inyecta el curare paralizando los músculos. Cuando el enfermo está totalmente relajado, el anestesista puede introducir en las vías aéreas superiores el tubo que será conectado al ventilador que va a asegurar la respiración artificial durante la operación.
“Nosotros somos los dueños de las máquinas, y ellas son nuestros esclavos” dice el Dr. Liu. No existe en la actualidad ningún robot comercial, porque se trata de un proyecto de investigación biomédica, pero los especialistas están persuadidos que en cinco años los robots de anestesia invadirán los blocas quirúrgicos. Liberados de “esas pequeñas tareas de empujar jeringas”, los médicos anestesistas estarán más disponibles durante el despegue y el aterrizaje, en la verdadera vigilancia de los signos vitales, en la seguridad del enfermo, en instalarlo en la correcta posición, es decir, en la realización del verdadero trabajo del médico de esa especialidad.
domingo, 13 de abril de 2008
Publicado por Manor16 en 20:47
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