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lunes, 23 de febrero de 2009

Film: El luchador (The wrestler)
Director: Darren Aronofsky
Género: Drama
Con: Mickey Rourke (Randy Robinson), Marisa Tomei (Cassidy), Evan Rachel Word (Stephanie Robinson), Mark Margolis (Jenny), Toddy Barry (Wayne), Ernest Miller (“El Ayatollah”), Judah Friedlander (Scott).

La trama nos narra la agonía profesional de Randy Robinson, un luchador que en los años 80 había estado en la cumbre de la lucha libre profesional pero que veinte años después sobrevive con exhibiciones en gimnasios de institutos y en cuadriláteros de tercera categoría.
Olvidado por su hija e incapaz de mantener alguna relación, Randy sólo vive gracias a la emoción del show y el apoyo de sus fans, pero un ataque al corazón le obliga a retirarse, por lo que tendrá que aceptar cualquier trabajo para ganar algo de dinero. Es entonces que decide poner en orden su vida; intenta acercarse a su hija a la que abandonó, por lo tanto está resentida con él, a la vez que trata de superar su soledad con el amor hacia una stripper. Ésta, es una mujer mayor que sus compañeras de trabajo por lo que al igual que Randy busca sobrevivir como puede.
De las mejores escenas del film se destacan las que el protagonista se da cuenta de los errores que cometió y en las que su hija muestra su frustración al comprender que su padre nunca cambiará y que no puede confiar en él.
El director del film sigue de cerca con la cámara al luchador o, la deja quieta para que el espectador observe tranquilamente lo que sucede. Eso hace que la interpretación de los actores cobre mayor importancia, destacándose Mickey Rourke por la construcción emocional y el esfuerzo físico que le requirió el papel. El actor que también vuelve a la interpretación después de veinte años de ausencia, muestra su degradado físico a través del cual logra enfrentarse a su propia evolución personal y profesional, en una lección interpretativa y humana sorprendente y sobrecogedora.
Similar es el caso de Marisa Tomei, cuyo rol de stripper rechazada por sus clientes está rodeado de tristeza y soledad. Ambos personajes son tratados por el director con sabiduría y respeto.
A lo largo de la trama el espectador conoce la inminente tragedia que se avecina y por eso está en tensión. El film triunfa por el tema, por el protagonista y por la planificación muy veraz y cruda como si fuera un documental que muestra los entretelones de una práctica que no es tomada muy en serio en general.
En este film en el que tanto Rourke como Tomei fueron nominados para el Oscar, la ficción y lo que no lo es se dan la mano de una forma extrema.

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